Encierro
No pueden salir de la habitación. Llevan días, primero mirándose entre ellos, después sólo intuyéndose: cuando te acostumbras a alguien, ya no lo miras; siempre será el que almacenaste en tu memoria. Han pasado por todos los estados emocionales que a los escritores neuróticos les gusta experimentar en sus novelas atípicas. Se han dado palabras de calma los unos a los otros, se han incomodado de la extrema cercanía, se han gritado, han corrido en círculo, han destrozado los muebles para hacer hogueras. Incluso alguno ha pegado al que más temía, y otro besó a alguien que nunca le hubiera atraído.
Han intentado todo para salir, pero no han podido. Y los de fuera miran la casa con conmiseración.
Alguien comentó que la puerta estaba abierta. Pero nadie entendió por qué aquel estúpido decía obviedades en tales fatídicos momentos.







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Hay 1 comentario
A mí no me gusta acostumbrarme a nadie me gusta que me sorprendan…y sorprender…
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